lunes, 8 de noviembre de 2010

Papa Benedicto XVI visita Santiago de Compostela

Supongo que ya sabréis, que el Papa B16 ha estado durante dos días en mi país, en España. Por diversas circunstancias no pude hacer un seguimiento de su visita, así que después de un rápido vistazo a los periódicos, decidí ir a la fuente del verdadero mensaje del Papa. Sí, digo verdadero, porque el mensaje que quieren dar los periódicos es otro totalmente distinto, y hablando en forma general, os aconsejo, que si queréis hacer un juicio de valor sobre cualquier noticia, primero comparad la noticia en distintos periódicos y de distintas posturas y luego, si es posible, acudid a la fuente de la noticia, ya sabéis de sobra que detrás de cada titular hay una ideología y un mensaje a trasmitir. He hecho un resumen de los dos primeros discursos que el Papa dio en Santiago, os lo dejo por si os interesa. Otro día pongo el resumen de la homilía y disfrutad del vídeo si no lo habéis visto.

Discurso del Papa en la ceremonia de bienvenida en el aeropuerto 

internacional de Santiago de Compostela
En lo más íntimo de su ser, el hombre está siempre en 
camino, está en busca de la verdad. La Iglesia 
participa de ese anhelo profundo del ser humano y 
ella misma se pone en camino, acompañando al hombre 
que ansía la plenitud de su propio ser. Al mismo tiempo, 
la Iglesia lleva a cabo su propio camino interior, aquél 
que la conduce a través de la fe, la esperanza y el amor, 
a hacerse transparencia de Cristo para el mundo.  
Ésta es su misión y éste es su camino: ser cada vez 
más, en medio de los hombres, presencia de Cristo
“a quien Dios ha hecho para nosotros sabiduría, 
justicia, santificación y redención” (1 Co 1,30). 
Por eso, también yo me he puesto en camino 
para confirmar en la fe a mis hermanos (cf. Lc 22, 32).
Vengo como peregrino en este Año Santo Compostelano 
y traigo en el corazón el mismo amor a Cristo que 
movía al Apóstol Pablo a emprender sus viajes, 
ansiando llegar también a España (cf. Rm 15,22-29). 
Deseo unirme así a esa larga hilera de hombres y mujeres 
que, a lo largo de los siglos, han llegado a Compostela 
para ponerse a los pies de Santiago y dejarse transformar 
por el testimonio de su fe. Ellos, con la huella de sus 
pasos y llenos de esperanza, fueron creando una vía 
de cultura, de oración, de misericordia y conversión
que se ha plasmado en iglesias y hospitales, 
en albergues, puentes y monasterios. De esta manera, 
España y Europa fueron desarrollando una fisonomía 
espiritual marcada de modo indeleble por el Evangelio.
Como el Siervo de Dios Juan Pablo II, que desde 
Compostela exhortó al viejo Continente a dar nueva 
pujanza a sus raíces cristianas, también yo quisiera 
invitar a España y a Europa a edificar su presente 
y a proyectar su futuro desde la verdad auténtica 
del hombre, desde la libertad que respeta esa verdad 
y nunca la hiere, y desde la justicia para todos, 
comenzando por los más pobres y desvalidos
Una España y una Europa no sólo preocupadas 
de las necesidades materiales de los hombres, 
sino también de las morales y sociales, de las espirituales 
y religiosas, porque todas ellas son exigencias genuinas 
del único hombre y sólo así se trabaja eficaz, íntegra 
y fecundamente por su bien.
Saludo del Papa en su visita a la Catedral de 
Santiago de Compostela 

Peregrinar no es simplemente visitar un lugar cualquiera
para admirar sus tesoros de naturaleza, arte o historia. 
Peregrinar significa, más bien, salir de nosotros 
mismos para ir al encuentro de Dios allí donde Él se ha 
manifestado
En este Año Santo Compostelano, como Sucesor de Pedro,
he querido yo también peregrinar a la Casa del Señor 
Santiago, que se apresta a celebrar el ochocientos 
aniversario de su consagración, para confirmar vuestra fe y 
avivar vuestra esperanza, y para confiar a la intercesión del
Apóstol vuestros anhelos, fatigas y trabajos por el Evangelio.
Al abrazar su venerada imagen, he pedido también por todos
los hijos de la Iglesia, que tiene su origen en el misterio de
comunión que es Dios. Mediante la fe, somos introducidos
en el misterio de amor que es la Santísima Trinidad. 
Somos, de alguna manera, abrazados por Dios, 
transformados por su amor. La Iglesia es ese abrazo 
de Dios en el que los hombres aprenden también a 
abrazar a sus hermanos, descubriendo en ellos
la imagen y semejanza divina, que constituye la verdad
más profunda de su ser, y que es origen de la genuina 
libertad.

Entre verdad y libertad hay una relación estrecha y 
necesaria. La búsqueda honesta de la verdad, 
la aspiración a ella, es la condición para una auténtica 
libertad. No se puede vivir una sin otra. La Iglesia, que 
desea servir con todas sus fuerzas a la persona humana
y su dignidad, está al servicio de ambas, de la verdad y 
de la libertad. No puede renunciar a ellas, porque está 
en juego el ser humano, porque le mueve el amor al 
hombre, «que es la única criatura en la tierra a la que
Dios ha amado por sí misma» (Gaudium et spes, 24),
y porque sin esa aspiración a la verdad, a la justicia y 
a la libertad, el hombre se perdería a sí mismo.





2 comentarios:

Unknown dijo...

Tengo la grandisima suerte de poder decir: Yo estuve ahi!!! Formé parte del equipo de voluntarios de la Diocesis y fue una experiencia increible. Solo puedo decir: Gracias Santo Padre!!!!!

Unknown dijo...

Que suerte tuviste, yo sin embargo, estando tan cerca del Vaticano, a penas tengo tiempo para ir a verle. Un fuerte abrazo Angela.