viernes, 10 de diciembre de 2010

Renacer de las cenizas


Realmente sentí una gran pena cuando la semana pasada leí en internet la noticia de que el monte Carmelo estaba siendo devastado por un gran incendio. Sí, el mayor incendio que ha tenido que asumir el estado de Israel en los últimos tiempos. Como carmelita tenía que unirme al dolor y a la oración por las personas fallecidas en este desastre natural, y al mismo tiempo sentir nostalgia por el verde jardín del Carmelo que ahora ha quedado reducido en una gran parte a cenizas grises y árboles quemados. Pero ....

Pero ello me conduce a una metáfora de esperanza. Sí, esperanza en medio del pesimismo reinante. Una metáfora de la situación de la Orden del Carmen en el mal llamado primer mundo o mundo occidental. Las estadísticas son frías pero a la vez reflejan una realidad. Mirando nuestras provincias, está claro que el número de frailes se ha reducido considerablemente en las últimas décadas, y vemos que nuestra provincias se están envejeciendo y parecen cansadas, como si asumiésemos que vamos a morir dentro de poco, y por ello ni siquiera tenemos ganas de vivir. 
Es la misma situación que en el Carmelo, ahora está todo gris, muerto, sin aparente vida, pero por la experiencia sabemos, (he nacido en un clima mediterráneo y he vivido por desgracia estos incendios muchas veces,), que estas montañas pueden volver a cubrirse de ese manto verde tan apreciado en esa tierra semi- desértica. Sí, todo vuelve a brotar, si se talan los pinos quemados, si se hace una buena limpieza del monte, las mismas cenizas se convertirán en el nutrimento de la futura generación de árboles y plantas.

Nosotros podemos ser ese nutrimento, esas cenizas que parecen muertas y que evocan a la muerte, pero las cenizas están llamadas a dar vida, si el agua cae, si el Espíritu empapa nuestras vidas, entonces nos adentraremos en la tierra (llámese también sociedad) y volverán a surgir jardines en medio del desierto y la muerte.

Por eso, este escrito es un grito de esperanza,de  ánimo, el monte Carmelo no es todo gris, no todo se ha quemado, de hecho, son más de 30  kilómetros y todavía hay muchas zonas verdes que dan vida y color al monte, y con ello pensar que hay muchos carmelos fuera de Europa que están creciendo, que son fuente de esperanza en este mundo árido y que refrescan a la gente en lo momentos difíciles de la vida. Nuestra orden, al igual que la Iglesia, está creciendo en otros países, porque se están creando carmelos (jardines) jóvenes con ganas de crecer.

Pero, ¿qué podemos hacer para recuperar el entusiasmo juvenil que rebosan estos carmelos jóvenes? Sobre todo vivir, ser hombres que viven en el mundo, que sepan escuchar todos los sonidos que se emiten para poder interpretar el mensaje que nos dirige la sociedad, ¿qué nos está pidiendo a gritos la sociedad? Buscan verdaderos hombres de Dios. Sí, debemos ser todos otros jesucristos en la sociedad, no podemos pasar desapercibidos. Y para ello tenemos que usar dos instrumentos que personalmente creo que son necesarios, y los resumo así: una creativa fidelidad. Creativos para poder responder a las preguntas de esta generación y fidelidad por qué es aquello que nos distingue como carmelitas. Pero de ello hablaré en otra entrada.

Perdonad el retraso, esta semana quería sacar un poco de tiempo para escribir este artículo, pero no he tenido tiempo, por culpa de otra enfermedad dentro de la vida religiosa: el hiper-activismo, que sería otro tema importante a tratar. Bueno recibid un fuerte abrazo fraterno.

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