miércoles, 1 de diciembre de 2010

El matrimonio según Pixar (Up)

 
Este precioso vídeo me sirve de pretexto para hablar de un tema un poco delicado, en el sentido de que nosotros (como Iglesia) no lo estamos haciendo muy bien. Me refiero al tema de los cursos prematrimoniales, que siendo sinceros, deberíamos cambiar de nombre, en la mayoría de los casos es un mero trámite, porque en un curso, los "alumnos" deben salir con unas nociones básicas que cambien su forma de pensar.
Y es que, la mayoría de los "cursos" que se hacen, al menos los que conozco, se limitan a unas cuantas sesiones en una semana, o a veces a compartir unos fines de semana o al límite pasar un plácido día de domingo junto con otras parejas y el párroco.
En primer lugar, muchas veces estos cursos, los dirige el párroco o un sacerdote sólo, y creo que se deberían realizar al menos por un equipo de personas formado por matrimonios con experiencia, psicólogo, doctor y párroco. Es verdad que es difícil contar con la ayuda de estos expertos, pero al menos contar con matrimonios con experiencia, porque ellos pueden aportar aquello que la vida en pareja les ha enseñado a lo largo de los años, y luego el párroco mostrar aquello que la Iglesia ha aprendido a lo largo de los siglos en este campo.
Luego, aunque sería mejor que esto se realizara por los expertos, se debe valuar el grado de madurez de la pareja, y con madurez me refiero a la completa madurez personal, que abarca la madurez psico-afectiva, la madurez moral y la madurez sexual. Es verdad, tantas parejas inmaduras vienen a casarse por la Iglesia, y luego al cabo de unos años están otra vez en la parroquia pidiendo la nulidad del matrimonio, y en muchos casos tiene cierta responsabilidad el párroco, que no ha tenido el valor de decir que NO a este matrimonio, sabiendo que fallaría, y consecuentemente ha regalado el sacramento del matrimonio. 
Porque tantas parejas, tienen una relación que se basa sólo en lo que se llama la auto-masturbación-vaginal, es decir, usar al otro miembro para darse placer, pero luego cuando este placer se termina, se termina la relación, es una relación muy débil, apenas tienen una comunicación extrínseca (superflua), pero realmente no se conocen.
Luego hay parejas que si que tienen una buena comunicación intrínseca (profunda), pero que no tienen todavía una madurez adulta (aunque lo sean en edad), y parecen tan enamorados, que parece todo perfecto, pero que sólo buscan seguridad personal en la otra persona; luego pasa el tiempo, y aparece una tercera persona en la que buscas otras seguridades y si te he visto no me he acuerdo.
Por eso, debemos empezar desde dentro de la Iglesia a ofrecer unos buenos cursos de formación matrimonial, que duren incluso más tiempo, pero que ofrezcan la posibilidad de pensar seriamente a las parejas la decisión que han tomado de proclamar su amor delante de Dios y de la Iglesia. Y también tenemos que tener el valor de decir a las personas , que no están preparadas para ello, aunque nos enviarán a tomar por c..., ya que los cursos se han convertido en un mero trámite de última hora, cuando ya lo tienen todo reservado y pagado. Por eso, debemos ofrecer estos cursos a las parejas jóvenes, y cuando vengan a buscar día para casarse en la iglesia, pedirles estos cursos, así se podrían formar jóvenes con cierta madurez de cara al matrimonio.
Porque una persona madura sabe que en el matrimonio no todos son rosas y que es en los momentos difíciles donde el matrimonio se consolida, porque la persona madura sabe aceptar el sufrimiento, no huye, porque sabe aceptarse a sí mismo y poco a poco aprenderá a aceptar al otro en toda su personalidad, porque no tengo que cambiar al otro (de hecho es muy difícil intentar cambiar a las personas adultas) sino tengo que cambiar yo, para mirarle con otros ojos, con unos ojos generosos y no egoístas, para poder entregarme al otro en cuerpo y alma y poder formar una sola carne.

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