domingo, 4 de diciembre de 2011

La belleza nos salvará

 
Todos los días, cuando voy a la universidad, paso por delante de uno de los tantísimos museos de Roma, al cual le debo una visita casi obligatoria. (Os tengo que confesar mi ruta diaria para ir a la Gregoriana, empiezo por Basílica de San Pedro, Castillo de San Ángel, Plaza Navona, para continuar con el Pantheon y la Fontana de Trevi, no es la más corta pero sí la más bella). Pero a lo que íbamos, en ese museo, hay un gran cartel de una estatua romana que en grandes letras dice: LA BELLEZA NOS SALVARÁ.  

Ante esa afirmación, yo me preguntaba, ¿de qué belleza está hablando? o ¿a que salvación se refiere? Seguramente el autor del cartel y yo estamos usando dos términos idénticos pero con distinto significado.

Sí, claro que es una maravilla poder recorrer todos los días las misma ruta llena de arte, de esplendor, de antigüedad, de belleza... Hay una belleza innegable en la Fontana de Trevi, en la Piedad de Miguel Ángel o en la Capilla Sixtina, no lo dudo, pero estas cosas finitas nos deben llevar al infinito, a lo trascendente, si nos quedamos en el fragmento, cerramos nuestro horizonte y no podemos ver el Todo. Quizás es uno de los problemas de nuestra sociedad, ha quedado esclava en el fragmento, rechazando la libertad que nos ofrece el Todo.

Sí, que hermosas son las mujeres que te venden los coches, los perfumes, los detergentes... a mi también me gustan, para que mentir, si no fuera así, es que soy de piedra, pero nos hemos quedado en lo superficial. Ahora importa mucho la belleza corporal, pero hemos olvidado que cada persona es hijo de Dios, con su dignidad, que somos imagen y semejanza de Dios, y sin embargo ¿qué difícil es llegar a conocer al otro cuando ni siquiera nos conocemos nosotros mismos? ¿porque tanto miedo al silencio, a la soledad? Ahí es donde tenemos que buscar a la Belleza por excelencia, porque ahí reside Dios, en nuestra alma, pero no lo vemos, porque hay mucha "niebla" que no nos deja ver, y es esa misma niebla que nos rodea y no nos deja ver el verdadero rostro de los que nos rodean.

Sí, somos una sociedad que está cambiando a un ritmo vertiginoso, que la Iglesia quizá no está consiguiendo alcanzar su ritmo, pero incluso la misma sociedad no se entiende a sí misma. Somos una sociedad del YA, de lo visual, de la  felicidad instantánea,.... pero tengo el arma secreta que tiene todo eso, y es una cosa muy pequeñita, un niño que nació hace unos cuanto años en Belén, que se hizo visible, para que pudiéramos verlo, y ya está aquí accesible las 24 horas, y que te ofrece una felicidad, quizá no instantánea, pero sí duradera... y esta si que es la verdadera salvación. No me enrollo más, os dejo una famosa frase de San Agustín para terminar, un abrazo a todos:

"Y he aquí que Tú estabas dentro de mí y yo fuera de Ti; yo te buscaba en aquellas cosas hermosas que Tú habías creado, pero me entregué a las deformes. Estabas conmigo, pero yo no estaba contigo. Ellas me mantenían lejos de Ti, ellas que de no ser en Ti, no serían. Me llamaste y me gritaste, y rompiste mi sordera; resplandeciste y brillaste, e hiciste desaparecer mi ceguera; despediste tu fragancia, la dirigiste a mi espíritu y ahora te anhelo; te degusté y ahora tengo hambre y sed de Ti; me tocaste, y ahora estoy inflamado por tu paz"



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