lunes, 6 de agosto de 2012

Sentires veraniegos

Querido lector:


Hace tiempo que mis dedos no escriben en el teclado palabras propias, y buena culpa de eso la tiene mi pereza. Por eso aprovecho este momento de tranquilidad para expresaros mis sentires veraniegos, algunas cosas que me han pasado por la cabeza en estas últimas semanas.


Después de terminar mi maratón de exámenes y descansar en la ciudad eterna unos días más, viajé a España a pasar unas semanas con la familia. Uno siempre echa de menos la familia cuando está lejos, pero es una de las cosas a la que tengo que renunciar por el camino que he elegido. Pude descansar en casa, durmiendo algo más de la cuenta y cambiando un poco la rigidez de los horarios, eso sí, sin olvidar que soy fraile y que tengo unas ciertas responsabilidades. En ese periodo pude disfrutar también del encuentro de la familia Carmelita de la Región Ibérica, que este año se celebré en Zaragoza. Fueros unos días fantásticos de fraternidad, pero también disfruté este año con las conferencias que nos dieron respecto al año de la fe.


Posteriormente me fui a un pueblo de Cataluña, que se llama Olot para realizar unos ejercicios espirituales de cara a mi próxima ordenación, también fue fantástico, pude conocer muchos hermanos que no conocía con sus apostolados y maravillosos convento. La casa quizá no era muy adapta para los ejercicios, pero aun pude disfrutar de algún que otro encuentro de intimidad con el Señor, a parte de mis meditaciones discursivas, pero a eso no sé hasta cierto punto lo podemos llamar oración.


Ahora me encuentro en Madrid, como otros veranos anteriores, ayudando en la parroquia y en la residencia de ancianos. Este año me resultó duro ver a muchos de los que llevo la comunión muy enfermos, un año pasa deprisa en la gente mayor, y otros que este año has subido a la casa del Padre. Me ha hecho pensar mucho sobre la fragilidad humana del hombre, quizás por ser joven, pero en mis pensamientos quiero comerme el mundo, hacer esto, cambiar esta cosa, cerraría esta casa o la otra,.... pero me doy cuenta que todo eso es secundario, lo principal es esa relación personal e íntima con el Señor que te ayuda a amar a los demás con todos los defectos y a poder aceptarte tal como eres con todas las limitaciones.


Hay una mujer muy anciana que me pide todos los días que rece por ella, está sola, ciega, sorda y no puede caminar. Muchas veces ante el sufrimiento me dice que ha perdido la fe y que quiere ya morirse, pero estoy seguro que tiene muchas más fe que yo, siempre está rezando y con todo lo que está sufriendo, es normal que surjan dudas, pero ¿que haría yo en esa situación? Aun a pesar que huyo del sufrimiento, pero estos encuentros con la gente mayor, me están ayudando a poder rezar, a tener momentos de intimidad, a hablarle a Dios de ellos, y a ellos les pido que le hablen a Dios de mí. En fin, todos tenemos que pasar por ese momento, el otro día uno estaba bien por la mañana y a mediodía nos comunicaron que se había ido a la casa del Padre. Espero poder estar bien preparado para ese momento y tener presente que este mundo es pasajero. Pero con la convicción de que Cristo ha resucitado por nosotros. Un abrazo a todos y seguimos unidos en la oración.





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